#19 Pompoko (1994), de Isao Takahata

Éramos felices. Sabíamos que lo éramos y también sabíamos por qué: éramos felices porque éramos y fuimos felices mientras fuimos. Pero hoy, ya no somos felices y ni siquiera somos; y no lo somos porque no somos. ¿Y qué somos? Nada somos aunque fuimos algo y éramos un todo que lo tenía todo y lo sabía en parte, hasta que llegó la nada que nos quitó todo y con ello entendimos lo que en parte sabíamos y también lo que no podíamos vislumbrar siquiera cuando éramos felices. Porque ser felices es también no ver, no oír y no saber; y sin embargo cuando supimos que venían por nosotros a quitarnos algo, seguíamos siendo felices porque todavía éramos, porque todavía teníamos un suelo del que brotaba un frondoso árbol de frutos brillantes y coloridos que éramos nosotros. Nosotros siendo felices. Hasta que botaron el frondoso árbol con sus frutos, y en el suelo que teníamos vomitaron un agujero donde pusieron los cimientos de una caja subdividida en cajas. Y en cada caja nos pusieron de a uno, y en cada caja nos pusimos mustios, por el árbol que ya no está y por el nosotros cercenado por murallas y convertido en un ejército descoyuntado de enemigos anónimos, igualmente infelices sin saber por qué.

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