#21 The Pawnbroker (1964), de Sidney Lumet

El prestamista habita en Nueva York como si aún estuviera en Auschwitz, y tiene razón para hacerlo. Dos razones. Dos buenas razones. La primera es su propia humanidad, muerta con su hijo aplastado por los otros condenados que llenaban el vagón; muerta con su esposa prostituida en la “División Júbilo” del campo; muerta con su amigo suspendido por el abrazo de los alambres de púas; muerta para seguir sobreviviendo y velando por la supervivencia de los parientes que quedan en la estridente Nueva York. La segunda razón es la ciudad misma, una enorme factoría que se mimetiza con el recuerdo del campo porque ambas cosas son, en el fondo, lo mismo. Desde la seguridad de su jaula, en la casa de empeño que regenta, ve desfilar variadas formas de desesperación en las que no se reconoce, pues se niega a hacerlo, y que no le importan, porque todo puente con el resto de la especie fue cortado irremediablemente en ese lugar del que no puede salir. El prestamista murió en Auschwitz y cuando lo quieren sacar de la muerte, se encoge con la vergüenza de quien decidió no decidir nada nunca más; y sin embargo, cuando sin quererlo se enfrenta a la colosal tragedia de su propia muerte, súbitamente revive vaciando sus pulmones con llanto. Como los niños al nacer.

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out /  Change )

Google photo

You are commenting using your Google account. Log Out /  Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out /  Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out /  Change )

Connecting to %s