#28 Le plaisir (1952), de Max Ophüls

En unos minutos, una prostituta llamada Madame Rosa –el objeto de atención de la figura masculina– desencadenará una catarsis pública y discreta a la vez, al sollozar mientras un grupo de niños recibe la primera comunión. Sus lágrimas tienen raíces opacas para el resto de los fieles, y sin embargo ellos, todos ellos, sentirán que desde su propia opacidad aflora un torrente de tristeza que humedecerá ojos, mejillas y pañuelos en un sordo lamento por los niños que alguna vez fueron y por lo que será de los niños que están recibiendo por primera vez el cuerpo de Cristo. En la vieja y fría construcción de piedra, aristócratas, burgueses, comerciantes, campesinos y prostitutas parecen soportar por igual el peso de ser frágiles y falibles, consolándose mutuamente mientras lloran juntos sin mirarse. Fuera de la iglesia, cuando lloran, lloran solos. Eso es lo que ardió en París el día 15 de abril de este año horroroso.

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